• Rodolfo Herrera Bravo

Un caso de protección de menores en Internet

(Opinión publicada en septiembre de 2013)

Los menores de edad en California tendrán derecho al olvido sobre lo que publican en Internet

El lunes saldrá una entrevista que me hicieron para El Mercurio, sobre las leyes que está dictando el estado de California, en Estados Unidos, sobre privacidad en Internet. Por ese motivo decidí compartir con ustedes un poco más en extenso mi opinión, ya que imagino publicarán un extracto muy reducido.

California: líder en legislación sobre privacidad en Internet

Cuando se busca un referente en protección de datos personales se suele mirar a Europa, y se alude al caso estadounidense como una situación de libertad extrema y desprotección. Sin embargo, hay ciertos temas en los que desde Estados Unidos no sólo surge el problema, sino también una solución. California ha estado dictando una serie de leyes que veo con buenos ojos, porque abordan temas de Internet que requieren ser atendidos. Un caso es la reciente aprobación de una ley que reconoce la facultad de los menores de edad para borrar su actividad en Internet, es decir, para hacer efectivo un derecho al olvido. Por eso destaco este caso, ya que, pese al lobby de grandes empresas en contra, California ha logrado avances que no se han conseguido a nivel federal.

No recuerdo ¿Un derecho a qué…?

…Al olvido. Pensemos en las redes sociales, desde Facebook y Twitter, pasando por Linkedin y Google+, hasta Instagram, Pinterest o tantas otras. Cada vez que se publica algo en ellas, desde el pueril “estoy aburrido” o “¡por fin es san viernes!” hasta comentarios que realmente puedan interesar a alguien, se deja una huella. En un momento –afortunado o no-, que en Internet no se borrará más. Obviamente, lo mismo ocurre si se sube una foto o un video, o si un “amigo” lo hace por ti o te etiqueta. Un mal día lo puede tener cualquier, pero por una decisión apresurada o la ingenuidad, la ignorancia o la imprudencia se pueden subir contenidos muy nocivos para la reputación. Y no hablo sólo de un problema puntual ahora, sino en el futuro, incluso años después, cuando no tengas siquiera recuerdos de esa foto que subiste o del comentario que quedó escrito en un sitio web. Si alguien tiene problemas para ascender en su trabajo, para encontrar pareja o para ser tomado en serio, sería bueno que haga memoria de las huellas que ha dejado en Internet. Ahí puede estar la respuesta. Los menores de edad son asiduos usuarios de redes sociales y, por su ingenuidad, publican mucho más de lo que deberían. Gracias a esta ley de California se les permitirá que puedan exigir a las empresas de Internet que no se muestre a nadie esa información que subió. Para materializarlo los sitios web deberán incluir un botón para que los menores seleccionen esa opción. Por lo tanto, con esta obligación para las empresas que se rigen por las leyes de California, deberán implementar cambios en sus aplicaciones, lo que significa un avance que, supuestamente permitirá borrar ciertas huellas que hoy dejan los niños y adolescentes, y que sin duda los afectarán cuando dejen de serlo.

No todo lo que brilla es oro

Por favor, que no se piense que esta ley soluciona el problema de la trazabilidad de nuestra actividad en Internet. Tiene limitaciones importantes, por lo que puede ser vista como un primer paso. Por ejemplo, protegerá únicamente a menores de edad, no hace extensivo ese derecho al olvido para los adultos. Además, sólo cubrirá lo que esos menores subieron directamente, no lo que publiquen o compartan otros sobre ellos. Es decir, no resolverá todo el problema, si no va asociada a otras acciones, sobre todo de sensibilizar sobre el cuidado de nuestros datos personales y tener consciencia de que las redes sociales no son para publicar temas confidenciales, aunque acepte sólo a "mis amigos". Aunque se le califique como una ley de borrado de datos no es así. En rigor no obliga a las empresas a borrar la información de sus servidores. Lo que no podrán hacer es seguir mostrándola en su respectiva web. Tampoco opera de inmediato, sino desde 2015, porque su implementación requiere inversión y cambios en el diseño de las aplicaciones. Debe ser gradual. Sin embargo, esto último es un costo legítimo que deben asumir las empresas que usan nuestros datos, sobre todo redes sociales. Es un precio justo que ellos deben pagar por nuestra información. Esta legislación es solo un modelo a imitar o estudiar. Como dije, no es una solución para los problemas de privacidad en Internet. En el ciberespacio esa ley solo se aplica en el territorio de California y si una empresa se mueve a otro país o incluso a otro estado, escapa de esas restricciones legales. Finalmente, el tema de fondo –proteger los derechos de los usuarios de Internet- no pasa únicamente por legislar. Hay que legislar, educar e implementar tecnologías que protejan nuestros datos por omisión.

¿Estamos muy lejos de todo esto en Chile?

Las leyes de otros países no son aplicables en Chile. Sin embargo, hay medidas que pueden imitarse y exigirse en nuestro país, sea dictando una ley, un reglamento o circulares de órganos fiscalizadores. Por ejemplo:

Obligar a que toda empresa o ente público que recolecte datos personales vía Internet, declare expresamente su política de privacidad informando para qué los utiliza y a quién los comunicará;

Prohibir el monitoreo al contenido personal de redes sociales y sancionar su uso como argumento para despedir a un trabajador;

Sancionar penalmente las acciones intencionales graves contra la reputación de una persona en Internet, como ocurre en el caso de revenge porn, por ejemplo.

Eso sí, Chile debe resolver esto integralmente, como parte de otros temas urgentes que se requieren en materia de protección de datos personales. Por ejemplo: Corregir el proyecto de ley que modifica la Ley 19.628 y no dejar estos temas en manos de SERNAC, sino de una Superintendencia.

Finalmente, creo importante el incorporar en los planes curriculares de los colegios no sólo informática, sino talleres permanentes sobre la importancia de nuestros datos personales y su cuidado.

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