• Rodolfo Herrera Bravo

¿Por qué el lobby de Microsoft no es lo importante?


(Opinión publicada en agosto de 2014)

El debate en medios de prensa entre grupos de diputados, por un posible lobby de Microsoft contra el software libre, no apunta al fondo: ¿garantizamos la neutralidad tecnológica?

1. Simplemente… los hechos

Esta semana se conoció por la prensa un debate entre dos diputados (Farcas y Mirosevic), por posibles presiones de Microsoft para ir en contra de un acuerdo que quería favorecer la adquisición de software libre en la Administración del Estado.

El software libre y el software propietario son programas computaciones cuyos modelos de licenciamiento responder a filosofías distintas.

En el software libre, quien adquiere el programa –pagando o no, por ello-, tiene autorización para desarrollar acciones sobre el código como adaptaciones, modificaciones y mejoras, además de poder compartirlo a otros.

El software propietario es más restringido. Normalmente solo se autoriza su uso en ciertos equipos y solo se puede adaptar para permitir su compatibilidad o para configurar seguridad. Además, en este caso, el autor del programa puede cobrar por la licencia y quien adquiere el programa debe respetar la propiedad intelectual del desarrollador.

Hace algunas semanas, un grupo de diputados presentó un acuerdo para que el Congreso solicite a la Presidenta de la República, un proyecto de ley destinado a obligar a que los órganos públicos que necesiten adquirir software, prefieran software libre y no software propietario.

Pocos días después, luego de conversaciones con la ACTI (asociación que representa los intereses de las empresas vinculadas a las tecnologías de información) y con Microsoft, otros diputados presentan un nuevo acuerdo, para que el Congreso solicite al Ejecutivo la implementación de acciones que garanticen plenamente el principio de neutralidad tecnológica en la Administración.

Con ello comenzaron las críticas cruzadas entre esos parlamentarios, donde a uno se le recriminaba el haber cedido ante presiones de Microsoft y al otro por transformar el tema en una lucha contra una empresa multinacional.

Lamentablemente, se ha dicho muy poco sobre el fondo de las propuestas, que es lo importante.

2. Cuando los políticos no dejan ver el bosque

A veces –tal vez menos de lo que quisiéramos-, debates menores permiten levantar temas importantes. Esta semana, a partir del abanderamiento de un diputado contra Microsoft, afortunadamente me ha dado pie para compartir unas reflexiones personales.

No sé al resto, pero a mí me molesta cuando las peleas entre políticos no se hacen cargo de lo importante, sino que se limitan a enrostrar “pecados” recíprocos.

En este caso, por ejemplo, no comparto que rasguen vestiduras por un lobby que no es ninguna novedad en el proceder de los parlamentarios; por algo se ha dictado una ley para transparentarlo. Claro, si el primer acuerdo busca perjudicar un sector del mercado para favorecer a otro, ¿no es lógico esperar una reacción empresarial?

Además, creo que el discurso de los diputados a favor del software libre también podría obedecer a un lobby, desde el momento en que defienden los intereses particulares de otro grupo de empresas que desarrollan programas bajo ese tipo de licenciamiento.

En el fondo, no creo que esto sólo sea ideológico o una lucha romántica por la libertad. Si no ¿por qué en medio de la polémica coincide una visita a Chile de Richard Stallman, programador estadounidense que fundó el movimiento por el software libre?

Con el respeto que me merece el modelo y las ventajas que le reconozco al software libre o el código abierto, Richard Stallman siempre ha planteado una postura muy radical y extrema, que no deja rehenes. Para él las cosas son blancas o negras, nunca grises y siempre contra la propiedad intelectual.

Por esa razón, no puedo compartir una visión que anula derechos fundamentales para obtener otros beneficios. En ese caso, se instala una “tiranía de las libertades” sin límites, sea que la imponga una mayoría o una élite tecnócrata o partidaria, con lo cual la “libertad absoluta deviene en despotismo absoluto”, parafraseando a Massini.

Finalmente, veo que la prensa ha llevado la discusión sólo sobre cómo Microsoft puede o no manejar a los diputados. Sin embargo, el tema de fondo y que realmente surge a partir de los dos acuerdos de la polémica, no se ha desarrollado.

Lamento decirlo, pero muchas veces extraño la falta de juristas en el Congreso, sobre todo cuando se habla de legislar. Si así fuera, el debate podría ser más enriquecedor, desde los propios parlamentarios y no sólo desde los espectadores.

Mañana me referiré a lo que creo es el fondo jurídico del problema: ¿es real el conflicto entre el software libre vs neutralidad?

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