• Rodolfo Herrera Bravo

Recomendaciones para el autocuidado de datos personales



Esta columna es más breve que las que suelo escribir. Sin embargo, no por ello el tema es menos importante. Por el contrario, considero tan relevante el propio autocuidado de datos personales como medida de eficacia para nuestros derechos, que quise complementar otra columna con algunas recomendaciones.


Se trata de sugerencias simples, que permiten un mayor resguardo a nuestros derechos, sin tener que esperar que el legislador chileno salde su deuda: una verdadera ley de protección de datos.


Vamos a ver:


1. Antes de entregar sus datos personales, pida más información.


Tiene derecho a saber, por ejemplo, si es obligatorio o no entregar sus datos; quién los está pidiendo y su dirección (en caso que necesite acceder luego a esa base de datos); para qué los utilizará; y si los dará a conocer a terceros.


Acá no valen respuestas como "no puedo dar más información por políticas de la empresa". Esas supuestas "políticas" no están por sobre la ley de protección de datos (y, además, muchas veces ni siquiera existen).


Imagine que el necesitado no es usted, sino el que quiere sus datos. Así, parece más lógico que quien pida sus datos se tenga que esforzar un poco y le explique mejor.


Además, recuerde, aunque lo miren feo, usted siempre tiene derecho a preguntar. Más aún, es una obligación legal que le informen previamente, aunque no siempre se haga.


Solo así, con esa información mínima sobre la obligación de entregar datos, la identificación del responsable del banco de datos y la finalidad y eventual comunicación a terceros, estará en mejor pie para defenderse por si luego utilizan mal su información.  


2. No escriba lo que piensa, sin antes pensar lo que escribe.


En las redes sociales pierde completamente el control de lo que publica. Eso, aunque solo tenga abierta sus redes a sus "amigos". De hecho, ¿conoce a todos los supuestos amigos de sus redes sociales? Tal vez, a más de alguno, ni siquiera lo ha visto en persona. Si es así, ¿puede confiar en que los demás serán igual de cuidadosos de no exponer o descontextualizar la información que usted publicó?


Y lo anterior no solo aplica respecto de los desconocidos que tenemos de "amigos", sino también con nuestros seres queridos más cercanos. No nos expondrán intencionalmente, pero si no mantienen un mismo nivel de cuidado de la información, fácilmente sus defensas también caerán. Claro, no puede evitar que esa foto informal, ese video personal o ese comentario demasiado en confianza se saque de contexto o lo vean otros que no conoce.


Por esa razón, no sea muy espontáneo en las redes sociales. Mejor siga el juego de mostrar un mundo feliz o en versión mejorada respecto de su vida física. Así suelen ser los perfiles de las redes sociales, todos comiendo rico, viajando, divirtiéndose y siempre acompañados de amigos, familia o mascotas. Por eso, no trate de ser diferente, de mostrar sus "miserias" o de "ser auténtico o ser muy sincero". 


Mejor, tómese su tiempo cada vez que quiera publicar algo en una red social, sea un comentario o subir un contenido. Si se apresura, el riesgo es altísimo.


Como sugerencia, pregúntese: ¿su perfil de Facebook o Instagram lo podría mostrar en una entrevista de trabajo? Si la respuesta es no, cuidado con lo que publica.


3. Si quiere privacidad no espere encontrarla en Internet.


Eso aplica no solo para usted, sino también para sus hijos, así que no caiga en la pésima práctica de algunos padres que suben todo sobre su hijo a Internet, incluso desde antes que nazca.


Tenga presente que solo basta con la cara de su hijo para que luego pueda aparecer en material de pornografía infantil, gracias a prácticas de morphing sobre las fotos.


Además, si le quiere dar una lección por portarse mal, no haga la estupidez de algunos papás que se burlan de ellos a través de redes sociales. Sí, ocurre, aunque no lo crea.


Por último, no siga enviando claves y números de cuenta a través de Whatsapp, aunque sea a su familiar.


4. Limite su exposición en redes sociales para ser popular.


A menos que sea un youtuber o bloguero que recibe ingresos por su popularidad, sea consciente que por más “Me gusta” o solicitudes de amistad que reciba, no significa que sus habilidades sociales se estén enriqueciendo. De hecho, lo más probable es que estén en una relación inversamente proporcional. Claro, mientras más horas pase agachado sobre la pantalla, menos horas estará mirando las caras de los demás.


Quienes se enriquecen son otros, son las empresas que contratan servicios de análisis de sus preferencias y que realizan perfiles de hábitos y gustos. Con los "me gusta" que pone, va nutriendo los algoritmos que lo definen. Sí, nos definen y condicionan nuestra libertad. A esta altura ya podemos sostener que "yo soy yo y mis algoritmos".


Por eso, no exponga su vida privada a desconocidos o pseudo “amigos” para ser más popular. Además, como mencionan Bauman, si en el fondo usamos las redes sociales por el miedo a la soledad y el abandono, sugiero que cultive un par de amigos reales más allá de las redes sociales. Esos tienen raíces profundas y dan buenos frutos.



5. Cuide a los menores de edad.


Finalmente, el autocuidado se extiende a enseñar a los menores que nos rodean, sobre los riesgos del ciberespacio. Eso significa hacer más dura de lo que ya es hoy la crianza. Implica cansarse más, decirles "no", mucho más seguido y conocer lo que hacen nuestros hijos en las redes sociales.


Yo soy de los que piensan que entregar un smartphone a un niño menor de 12 es igual que pasarle una cerveza o cigarrillo. Me parece absurdo. Me parece evidente el daño. Y, obviamente, creo que es exclusiva responsabilidad del adulto. De hecho, a mi hijo le he dejado claro que aunque tenga 12, NO necesita un Smartphone, puede sobrevivir sin él e, incluso, ser feliz y aceptado por sus pares. Y tal vez no estoy tan mal, si los principales gurús tecnológicos tratan así a su hijos, evitándoles el acceso a los dispositivos que crean para el resto.


Del mismo modo, creo que su derecho a la intimidad tiene como principal excepción mi deber de formarlo y cuidarlo hasta que sea capaz de lidear medianamente con el mundo adolescente (si es que acaso un adolescente puede llegar a hacerlo). Por ningún motivo lo enviaría solo, de noche, a caminar por el centro de Santiago a la medianoche. Por lo mismo, por ningún motivo le dejaría navegar solo por Internet, aunque me recite su derecho a la privacidad.



En conclusión, independiente de que comparta o no mi opinión en los temas mencionados, el autocuidado descansa sobre nuestros propios cambios de conducta. Por lo tanto, no pretendo que piensen como yo, pero si esperaría que, luego de leer esta columna, estén más prevenidos frente a la realidad en que nos toca vivir.


#datospersonales; #autocuidado; #redessociales


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