• Rodolfo Herrera Bravo

¿Es usted un neoluddita o un tecnófilo? (PARTE II)


(Opinión publicada en octubre de 2013)

Cuando un proyecto de automatización de procesos pasa por la decisión de un tecnófilo es tanto o más riesgoso que si se debe convencer a un neoluddita.

Anteriormente les comenté sobre ese abogado que me hizo recordar al neoluddismo. Pero en esa reunión también estaba presente un informático, con una posición diametralmente distinta. A diferencia de mi colega, él era un tecnófilo. Tecnófilos: el enamoramiento por la informática

Cuando un niño se enamora pierde la perspectiva, exagera la realidad y ve virtudes de su amada incluso allí donde hay defectos. Además, la pena de amor es un drama porque se piensa que la vida no puede continuar sin ella. ¿Les recuerda algo? A mí, sí. Los tecnófilos viven ese enamoramiento, por supuesto respecto de la informática. Son esas personas que creen que la innovación tecnológica es la solución de todos los problemas que nos aquejan y confían en la absoluta capacidad de ésta para lograrlo. Sin embargo, aunque no lo parezca, la postura de un tecnófilo juega en contra del avance tecnológico sustentable. Su fanatismo por la tecnología lo lleva a considerar que el valor de los medios es superior al de los fines que se persiguen con éstos. A partir de lo anterior, un tecnófilo se dedicará a resolver únicamente el aspecto tecnológico de los problemas, a buscar cual es la última versión de tal o cual programa, sin mirar la raíz, aquello que requiere el apoyo de la tecnología. En este escenario aparecen malas decisiones en los proyectos tecnológicos, por ejemplo, adquirir equipos que se subutilizan, que no son capaces de interoperar con otros, realizando altas e innecesarias inversiones en productos informáticos. Si lo vemos en el caso del usuario promedio, los tecnófilos siempre cuentan con tecnología de punta que no alcanzan a aprovechar y ya la están cambiando. En mi caso, yo no compro tecnología de última generación, siempre voy un paso atrás, ya que prefiero no pagar por la novedad y estar seguro sobre el funcionamiento de las innovaciones tecnológicas. Además, los tecnófilos se plantean con entusiastas pronósticos que no siempre se cumplen o tardan más de lo esperado. Como muestra un botón, la tan publicitada “oficina sin papeles” ha sido un proyecto que por décadas se ha ofrecido con nuevas herramientas informática, pero que aún no ha podido dejar de ser una utopía, más aún si consideramos que el uso del papel se multiplicó. También lo vemos en la nula utilización masiva y cotidiana de firmas electrónicas basadas en el estándar de infraestructura de clave pública, que aún no despega ni siquiera en los países más desarrollados.

El riesgo de un líder tecnófilo

Lo que más me preocupa de un tecnófilo es que esté a cargo de un proyecto. Como suelen sobrevalorar las posibilidades de la tecnología y desatender el fondo de los problemas, son capaces de adquirir primero el equipamiento y luego ver en qué se utilizará. Suelen no ver que muchas de las dificultades de gestión pasan por resultas organizativas, normativas o de competencias de las personas, y que el apoyo tecnológico únicamente es una herramienta. Aún recuerdo un proyecto de modernización de una institución, en la que se compraron los equipos meses antes de que terminara una consultoría sobre rediseño de sus procesos. Obviamente, cuando ésta entregó sus resultados, las necesidades de equipamiento eran muy distintas de lo que se había comprado. Por último, un tecnófilo es riesgoso para un proyecto tecnológico porque pierde la perspectiva respecto de quien utilizará los equipos y programas. Muchas veces he visto adquirir herramientas que dificultan la manera de hacer las cosas y no sólo durante el natural período de adaptación al cambio. Olvidan que la tecnología es un medio para simplificar la vida de las personas. Estoy seguro que luego de leer esto habrán vinculado las características de neoludditas o de tecnófilos a personas que conocen. Los invito a compartir sus experiencias.

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